Islandia, del paraíso a la miseria

Una bella isla poblada por 313 mil habitantes llamada Islandia, en el Atlántico Norte, fue en la última década un aparente modelo de desarrollo para el mundo; pero hoy está al borde de la bancarrota.

La sexta nación más rica de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el decimoprimer lugar del mundo por su Producto Interno Bruto (PIB), se convirtió en la primera víctima europea de la crisis, cuando quebraron sus tres grandes bancos entre septiembre y noviembre de 2008.

“Ha sido un modelo de crecimiento erróneo, por la manera en que la crisis financiera mundial ha golpeado a sus habitantes”, señala un artículo del diario británico The Guardian.


Una burbuja financiera, al estilo de los bancos estadounidenses, creó similar efecto sobre la economía islandesa, que vivió de forma ficticia un esplendor sobre un soporte de barro.

Contribuyeron a ello la especulación bursátil y la sobrevaloración, además de un crecimiento falso de la supuesta masa monetaria en poder de los bancos.

La debacle derrocó al entonces gobierno de coalición encabezado por el primer ministro Geir Haarde, tras el pedido a gritos de su dimisión por manifestantes en las calles de Reykjavik, la capital.

Elecciones anticipadas dieron el mando a Jóhanna Siguroardóttir, quien creó una coalición de izquierda.

Algunos datos económicos publicados a raíz del estallido de la crisis, ubicaba la devaluación de la corona islandesa en 50 por ciento frente al euro, entre enero y octubre de 2008; la inflación se disparó hasta el 15 por ciento ese mismo año y el déficit público de 2009 se pronosticó en 20 por ciento.

Las causas se asocian al momento en que se implementaron las reformas neoliberales como la desregulación de los mercados financieros en 2001 y la privatización de los bancos.

La crisis salió a flote cuando la banca fue incapaz de refinanciar sus deudas. Se estima que las tres principales entidades monetarias soportan un compromiso externo superior a 50 mil millones de euros, equivalentes a unos 160 mil euros por habitante, según el semanario británico The Economist.

Entonces usaron ese dinero en inversiones internas, principalmente en consumo de artículos suntuarios y el mercado inmobiliario.

Leifur Orn Leifsson, un representante de la automovilística Mercedez-Benz afirmó que en 2007 su compañía vendió en el centro de Reykjavik más coches de lujo que en toda Suecia.

El Landsbanki, uno de los grandes bancos, creó a principios de octubre de 2006 una filial inglesa que operaba online en Internet y ofrecía atractivos dividendos para atraer la confianza de los ahorristas con garantías de protección a sus depósitos, recuerda The Guardian.

La gran estafa de Icesave, el nombre de la sucursal virtual, se conoció poco tiempo después, cuando los ahorristas -en su mayoría británicos y holandeses-, vieron con desespero que el sitio web desapareció del ciberespacio.

El Gobierno de Londres, alertado por sus nacionales, hizo gestiones ante Islandia y confirmó la sospecha: no había fondos.

Un acuerdo entre el nuevo ejecutivo islandés y sus homólogos británico y holandés fue sancionado por el Parlamento bajo la Ley Icesave, mediante la cual se devolverían los tres mil 700 millones de euros (cinco mil millones de dólares) en un plazo de casi 15 años, a un interés del 5,5 por ciento.

El fuerte movimiento popular obligó al actual Presidente, �”lafur Grímsson, a convocar un referendo por primera vez en 66 años, para consultar a la población la indemnización con las arcas públicas, lo que equivale a decir, con el aporte de 40 mil euros por cada familia.

La respuesta fue un NO en las urnas con el 93 por ciento del electorado.

Sin embargo, los resultados de la consulta popular fueron interpretados por la Comisión Europea como un asunto interno de los islandeses, en un esfuerzo por no malograr el proceso de ingreso del país nórdico al bloque comunitario, previsto para antes de 2012.

Holanda, empero, se reservó el derecho a vetar la candidatura islandesa a la Unión Europea. “Esto nos va a costar caro”, sentenció la primera ministra, Jóhanna Siguroardóttir, al evaluar las consecuencias de la negativa popular a la devolución de la deuda con fondos del erario público.

Aún la solución no está a la vista; sobre el pequeño país persisten las presiones del capital transnacional, lo cual supone consecuencias peores para castigar el desafío de los islandeses.

Extraído de Prensa Latina.

~ por LaBanderaNegra en marzo 11, 2010.

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