Manuel Ugarte: unidad latinoamericana en la lucha antiimperialista

Nacido en “cuna de oro”, en el seno de una familia aristócrata, Manuel Ugarte se convirtió en una de las principales figuras militantes latinoamericanista. Su maravillosa prosa fue reconocida en toda Europa y América Latina. Aunque llegó a ser codirector de la revista “Monde” junto a Miguel de Unamuno, durante años fue un absoluto desconocido en nuestro país. Por incurrir en la osadía de enfrentarse al statu quo, se le negó el Premio Nacional de Literatura y hasta un mísero cargo de profesor secundario.

Siendo una de las figuras mas destacadas de las letras iberoamericanas, además de un incansable militante por la unidad latinoamericana, autor de 40 libros y amigo de Rubén Darío, Amado Nervo y demás jóvenes del 900, estuvo condenado al silencio y al olvido por la subestructura cultural manejada por la clase dominante.


Nació el 27 de febrero de 1875 y desde joven mostró una vocación literaria, que le permitió escribir sus primeros trabajos literarios a los 15 años. Con sólo 20 años y junto a unos amigos (entre los que se destacan Belisario Roldán y Alberto Ghiraldo), se aventuró en una publicación propia: La revista literaria. Ya en sus primeros pasos como publicista, Ugarte revindica la cultura nacional, criticando el excesivo afrancesamiento del “modernismo”, y la hermandad entre los intelectuales hispanoamericanos. Desde sus primeras posiciones públicas, se manifiesta en Ugarte lo que será la lucha de su vida y por lo que agotará no sólo su riqueza: la reconstrucción de la Patria Grande y la lucha antiimperialista.

Cuando en 1898 EEUU invade Cuba, Ugarte se sumerge definitivamente en la lucha política, revindicándose socialista y seguidor de Jean Jaurés, aquel líder socialista de la Francia de la Tercera República. Se verá cautivado por el francés y sus posiciones sobre un socialismo humanitario y reformista y, principalmente, por sus argumentaciones a favor del desarrollo nacional del socialismo, respetando las condiciones específicas de las respectivas realidades nacionales.

También, por aquellos años, Ugarte comienza a vislumbrar el peligro yanqui, advirtiendo la apetencia imperialista del coloso del norte, quien comenzaba a construir una política expansionista y agresiva hacia los países americanos al sur del Río Grande, lo que luego llamaría su “patio trasero”: América Latina.

“Los grandes imperios son la negación de la libertad”, dirá por esos años Ugarte, agregando que “los EEUU continuaran siendo el único y verdadero peligro que amenaza a las repúblicas latinoamericanas. Y a medida de que los años pasen, iremos sintiendo más y más su realidad y su fatalismo. Dentro de veinte años, ninguna nación europea podrá oponerse al empuje de esa enorme confederación fuerte, emprendedora y brutal, que va extendiendo los tentáculos de su industria y apoderándose del estómago universal hasta llegar a ser el exportador único de muchas cosas”, advirtiendo a su vez de la necesidad de la unidad Latinoamericana, ya que “la América del Sur sólo podrá salvarse a condición de unificar su esfuerzo”.

En 1899 Ugarte viaja a EEUU para indagar profundamente a esa joven nación con ansias expansionistas. Ahí, dirá más tarde Ugarte, “en los EEUU nació el origen de mi convicción en lo que se refiere al peligro del imperialismo norteamericano”.

A mediados del año 1901, aparece en El país, de Buenos aires, “El peligro yanqui”, el que será el primer artículo antiimperialista de Manuel Ugarte. En él ya se puede apreciar la máxima preocupación de Ugarte, la unión de los países latinoamericanos, la reconstrucción de la Patria Grande:

“Si vemos que las repúblicas hermanas van cayendo lenta y paulatinamente bajo la dominación o influencia de una nación poderosa, ¿aguardaremos para defendernos que la agresión sea personal? ¿Cómo suponer que la invasión se detendrá al llegar a nuestras fronteras? La prudencia más elemental aconsejaría hacer causa común con el primer atacado. Somos débiles y sólo podemos mantenernos apoyándonos los unos sobre los otros. La única defensa de los quince gemelos contra la rapacidad es la solidaridad”

Por el año 1903 y ya instalado en Buenos Aires, Ugarte adhiere públicamente al Partido Socialista convencido de la necesidad de operar una transformación en la sociedad de manera de acabar con las desigualdades, la miseria y la opresión. Advirtiendo a la vez que “no hay manera posible de transformar una realidad, si previamente no se ha logrado adquirir un conocimiento detenido y minucioso de la misma”, para lo que es necesario un pensamiento creador, liberándose de formulas salvadoras y ajenas. Desde esta concepción sostendrá la necesidad de que los socialistas sean patriotas, pero no con un “patriotismo brutal y egoísta que arrastra a las multitudes a la frontera para sojuzgar a otros pueblos”, sino con aquel que se expresa en la defensa contra las intromisiones imperialistas. Es decir, considera a la independencia nacional no como una cuestión emocional sino como un paso necesario hacia la absoluta libertad e igualdad en la sociedad.

Estas posiciones nacionalistas de Ugarte, lo llevaron a confrontar con la dirección del Partido Socialista argentino, quién a través de La Vanguardia (órgano oficial del Partido Socialista argentino) lo atacó afirmando que “Tenemos motivos para creer que la intervención o conquista de las repúblicas de Centroamérica por los Estados Unidos puede ser de beneficios positivos para el adelanto de las mismas”. Esta desafortunada declaración de La Vanguardia, se ubicaba en las antípodas del pensamiento de Ugarte, manifestado en diferentes artículos periodísticos, libros y conferencia.

Enfrentado con la conducción del Partido Socialista argentino, se embarca en su mayor acción militante: emprende una gira por los países latinoamericanos llevando su discurso de la necesidad de la unión latinoamericana, para hacer frente al imperialismo. Entonces gritará en cada tribuna que disponga: “Unámonos. Unámonos a tiempo, que todos nuestros corazones palpiten como si fuesen uno solo y así unidos, unidas nuestras veinte capitales, se trocaran en otros tantos centinelas que al divisar al orgulloso enemigo, cuando éste les pregunte: ¿Quién vive?, les respondan unánimes, con toda la fuerza de los pulmones: ¡La América Latina!”

En varios países tendrá inconvenientes, pues el imperialismo reconoce a sus enemigos y trata de neutralizarlos. Así, se verá impedido de ingresar a El Salvador y a Nicaragua. Pero en otros lo recibirán con los abrazos abiertos: en Colombia hablará ante 10.000 personas.

Mientras Ugarte agotaba sus fuerzas y su riqueza en su lucha contra el imperialismo y la reconstrucción de la Patria Grande, La Vanguardia, nuevamente contradiciendo todo el discurso ugartista, saldrá a elogiar fervorosamente el zarpazo yanqui sobre el canal de Panamá ya que para el Partido Socialista argentino “contribuirá probablemente al progreso de Colombia”. La ruptura de Ugarte con el Partido es inevitable.

Alejado del Partido Socialista, Ugarte continua su predica por la unidad latinoamericana y la lucha antiimperialista, unificando en una sólo bandera la lucha social de los trabajadores y la nacional de los países sometidos. Y ahí estará el eje su pensamiento: la unión de esos dos ismos que para algunos es irreconciliable: el socialismo y el nacionalismo.

Dirá Ugarte al respecto:

“Si aceptamos que hay pueblos inferiores dentro del mundo, tendríamos que aceptar que hay clases inferiores dentro de la sociedad y el mismo olvido egoísta se transformaría en arma contra nosotros mismos. Por eso, se une de manera estrecha la causa del proletariado con la causa de la defensa latinoamericana… luchemos no sólo para que los ciudadanos puedan gobernar dentro de la nación, si no para que las naciones puedan disponer de sí mismas dentro de las luchas del mundo, acabando con las dos autocracias, la que nacionalmente se llama tiranía y la que internacionalmente se llama imperialismo”.

En ésta definición sobresale los más importante del pensamiento ugarteano, y el legado dejado a las generaciones futuras, marcando un camino a seguir. Así, Ugarte se adelantará varias décadas al desarrollo de la izquierda nacional, aquella corriente surgida al calor del Frente Nacional Antiimperialista representado por el peronismo.

Esta nueva izquierda, que tendrá en Jorge A. Ramos a su principal exponente, retomará el pensamiento de Ugarte y desarrollara aún más profundamente la idea de la necesidad de unificar la lucha nacional antiimperialista y la lucha de los trabajadores contra sus explotadores, reconociendo que la contradicción fundamental en los países coloniales no es capital-trabajo, sino países imperialitas-países dependientes. La izquierda Nacional reforzará aquella idea de Ugarte de la necesidad de la unidad latinoamericana a los efectos de desembarazarse del poder imperialista y reconstruirse como la Gran Patria Latinoamericana, objetivo que sólo puede alcanzarse con las clases humildes al frente de la lucha, revelándose aquí la necesidad de la lucha social: la independencia nacional sólo podrá ser sostenida en el tiempo, profundizando la revolución democrática y llevándola hasta sus últimas consecuencia: el socialismo.

El pensamiento de Manuel Ugarte es completado con ésta visión de la izquierda nacional (que revindica completamente a Ugarte, como origen de sus ideas), que determina que en los países dependientes la lucha antiimperialista y la constitución de un Frente Nacional junto a otros grupos sociales, representa un avance en la lucha por el socialismo.

Fernando M. Pereyra

Extraído de Izquierda Nacional.

~ por LaBanderaNegra en marzo 8, 2010.

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