El ajuste estructural llega a la “Vieja Europa”

Desde los centros financieros internacionales se difundían en los últimos meses señales positivas, que afirmaban que la crisis ya había pasado y que la economía mundial había ingresado en su fase de recuperación. Desde el centro de Europa la visión es muy otra.

De paso por el “viejo mundo” para asistir a un encuentro internacional sobre el carácter multidimensional de la crisis tuve oportunidad de cambiar ideas con colegas de diversos países miembros de la Unión Europea (UE).

Preocupan por esta geografía las distintas vertientes de la crisis. En lo coyuntural presenta una fuerte impronta económico-financiera pero que es también ambiental, alimenticia, energética, que interactúan entre sí, se potencian e impactan en lo social.


Quienes debaten aquí ponen el acento en el desempleo masivo (la crisis agregó 7 millones de nuevos desocupados, llevando el número de parados en el continente a 23 millones de personas, y la tasa promedio al 10 por ciento) y en el fuerte incremento de la precarización y la pobreza. Suponen además que las catástrofes ecológicas, cuyo riesgo consideran es cada vez mayor, impulsaran nuevas corrientes migratorias. Critican fuertemente el fracaso de la cumbre de Copenhague y destilan bronca porque el grupo de los cinco -EEUU, China, India, Brasil y Sudáfrica- dejó fuera de los debates a la “vieja” Europa. No dejan de señalar la enorme disparidad entre las cifras destinadas a salvar bancos y empresas o a la guerra, y las orientadas a la asistencia y la seguridad social, o las propuestas para frenar la degradación ambiental.

Reconocen sí que hay una recuperación muy desigual de la economía, tal como anticipara el Centro de Investigación de la Economía Internacional de Barcelona. Destacan la remontada de Asia, se estima un crecimiento del 7 por ciento en la región para este año (China e India 10 y 8 por ciento respectivamente); en América latina miran a Brasil y un crecimiento probable del 5.5 por ciento, Apenas 3.5 en México, luego de una fuerte caída el año pasado. Todo contrasta con el moderado crecimiento esperado para EEUU, tal vez un 2.5 por ciento, y el más que débil repunte de la zona euro, 0.3 a 0.5 por ciento. Aunque ahora seguramente tendrán que reestimar a la baja luego de conocerse que Alemania ha crecido cero en el último trimestre.

Una recuperación malsana

Sustentado en una mejoría de la economía estadounidense en el cuarto trimestre del 2009 el FMI ha revisado a la suba sus estimaciones de la economía mundial para el 2010, supone un crecimiento global del 3.8 por ciento. Pero aquí ponen el acento en que estas expectativas están montadas en el crecimiento desmesurado de los déficit fiscales de las principales potencias económicas del mundo y en un fuerte endeudamiento de los Estados. En estas condiciones no encuentran capitales dispuestos a invertir en el sector productivo, por el contrario la enorme masa de capital dinero disponible se ha volcado como en los ’90 a la especulación financiera, creando una nueva burbuja.

Posible recesión

En este encuentro no se habla de recuperación sino de “ralentización” de la crisis. Traducido quiere significar que la crisis ha perdido la vertiginosidad con que se propagaba en los primeros tiempos, pero no mucho más. Periodistas e investigadores admiten el impacto que han tenido los salvatajes fiscales de los grandes países en la estabilización de los mercados y de los estímulos al consumo, pero están lejos de pensar como el titular de la FED, Ben Bernanke, “que lo peor de la recesión ya pasó”, por el contrario muchos piensan que “… lo peor está por venir”. Este pesimismo deviene no sólo de constatar la debilidad de la economía mundial sino que ante la posibilidad de descontrol generalizado de esta nueva burbuja los Estados no podrían acotarla como ahora, porque no pueden seguir endeudándose ni emitiendo sin control.

Los especialistas europeos tienen temor a la inflación, critican a los EEUU porque se niega a acordar medidas conjuntas para reabsorber gradualmente esa enorme masa monetaria sin respaldo que lanzaron a los mercados. Presienten que en algún momento, para garantizar el nivel de precios, el Banco Central Europeo (BCE) tendrá que subir las tasas de interés, esto perjudicará el consumo doméstico y, al fortalecer al euro -que se ha devaluado casi 10% en relación al dólar en los últimos meses- sus economías perderán competitividad. La recaída en la recesión estaría así en el horizonte. De hecho días atrás el BCE avisó que no habrá más subastas de créditos a una tasa del 0.5%, anual por lo tanto no hay ya refinanciación barata.

En el ojo de la tormenta

Esta decisión, junto con las declaraciones del economista jefe del FMI, acerca de que España, Grecia y Portugal tendrían que tomar decisiones difíciles precipitó la crisis financiera de semanas atrás. El endeudamiento público es generalizado en los países de la UE, 90 por ciento del PBI en promedio y en algunos es explosivo, Grecia 113 por ciento. Los déficit fiscales han hecho saltar por los aires los acuerdos de no superar el 3 por ciento y las metas de control presupuestario han quedado atrás. En promedio estos desequilibrios no son de la envergadura de los que ostenta Estados Unidos, sin embargo muestran serias dificultades de financiamiento.

Grecia, el pariente pobre está en la mira. Sobre todo cuando luego de estimar un déficit fiscal del 3.7 por ciento para el 2009 ahora lo ha sincerado: fue del 12.5 por ciento. El otro país es España, su déficit fiscal está en el 11.4 por ciento y sus bonos juntos con los de Grecia están siento acosados por la especulación, pero lo que aquí más preocupa es el rápido crecimiento de su tasa de desocupación. Más que se duplicó desde que se inició la crisis mundial, pasando del 8 al 18 por ciento, se espera en los próximos meses alcance al 20 por ciento. Paul Krugman ha dicho, a su paso por Buenos Aires, que España no tiene otra salida que la devaluación, otro tanto puede decirse para Grecia. Pero luego ya en Madrid ha corregido: España tiene que bajar salarios. Es que en la UE no puede haber devaluaciones por país, como tampoco puede haber asistencia financiera entre los miembros de la unión. Así las cosas la devaluación del euro o el salvataje financiero de algún país miembro únicamente puede ser decidido por el conjunto…. Salvo que algún país decida romper el cerco por sí mismo…Pero esto es sólo la punta del iceberg, Inglaterra, Italia, Irlanda, los países del Este y los del Báltico… no muestran indicadores muy superiores.

Eurozona resquebrajada

Ante la ausencia de financiamiento no queda otra posibilidad que el ajuste. Esto es lo que están predicando la UE, el BCE y el FMI, y lo que está llevando a cabo Irlanda que recortó fuertemente los sueldos del sector público y redujo el gasto estatal. España ya anunció un Plan de Austeridad, Grecia finalmente cedió a las presiones y dio a conocer su Plan de Estabilidad. En estos dos países se proyecta una importante reducción presupuestaria que afectará al empleo público, reducirá los salarios y bajará el gasto en infraestructura. Por si fuera poco el BCE los presiona para elevar la edad jubilatoria y el IVA.

En ambos casos la meta es encauzar el déficit fiscal al 3% para el 2013. Pero la cuestión no es sólo económica en estos países se evidencia también una fuerte impronta política. La derecha neoliberal está aprovechando la coyuntura y presiona fuerte para ir desarmando las políticas sociales europeas y dar un golpe a los sindicatos.

La UE acordó apoyar la refinanciación, no se sabe cómo pero tal vez recurran al artículo 127 del tratado de Lisboa que permite salir al rescate en situaciones de excepción… Pero al mismo tiempo la someterá a una auditoría de sus cuentas públicas para que cumpla las metas que le han impuesto. En esta decisión pesó tanto la necesidad de cortar la posibilidad de contagio a otras economías como el interés de los bancos que harán grandes ganancias con los bonos devaluados. Pero también el chauvinismo local, si los europeos no salen al rescate de Grecia, la capitulación ante el FMI está a la vuelta de la esquina.

Así la crisis puso en evidencia la debilidad y los límites del mayor megamercado del mundo -500 millones de habitantes de 27 países- que es también el mayor experimento de integración política regional. Su moneda común está en zona de riesgo y hay dos grandes incógnitas: ¿Los Estados soberanos podrán continuar decidiendo sobre su política económica o la cederán a los organismos supranacionales? ¿Estas instituciones están a la altura de lo que exige la administración de la crisis?

El año que recién inicia parece no será tranquilo. Es que el ajuste tiene costos sociales no menores y un horizonte de fuerte conflictividad se anuncia en el viejo continente.

Eduardo Lucita

Extraído de Argenpress.

~ por LaBanderaNegra en febrero 28, 2010.

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