Bases de Estados Unidos generan descontento en Japón

En un país donde un pedazo de tierra cuesta fortunas, muchas bases estadounidenses cuentan con campos de golf, canchas de fútbol y gigantescos centros comerciales donde hay desde Taco Bell hasta Subway y Starbucks.

Semejantes concesiones son apenas uno de los irritantes que alimentan el debate en torno a lo que pagan los japoneses para tener 47.000 soldados estadounidenses estacionados aquí. Esa suma asciende a unos 2.000 millones de dólares anuales, una tercera parte del costo total, acotó AP.

En una época de padeceres económicos, el nuevo gobierno reformista de Japón se pregunta si se justifica invertir tanto dinero en efectivos estadounidenses. Semejantes cuestionamientos hubieran sido impensables durante la era de gobiernos pro-estadounidenses de la post-guerra.


Y se producen en un mal momento para Estados Unidos, cuyo presupuesto militar está asfixiado por las ocupaciones de Irak y Afganistán.

Muchos japoneses opinan que el país no tiene por qué pagar por la presencia estadounidense y hay quienes sostienen que hay mucho despilfarro.

Los términos de la alianza entre Tokio y Washington está siendo reconsiderados desde que el primer ministro Yukio Hatoyama asumió en septiembre pasado. Hatoyama afirma que la alianza sigue siendo un aspecto clave de la política exterior japonesa, pero que quiere reevaluarla.

El eje del debate es la isla de Okinawa, donde se encuentran la mayoría del centenar de bases estadounidenses.

La base aérea de Futenma, donde hay varios miles de marines, debió ser trasladada de Ginowan a Nago, un sector menos poblado de la isla. Pero el proyecto quedó en veremos con la elección de un alcalde que se opone a la llegada de la base el mes pasado.

Paralelamente, Estados Unidos está trasladando a Guam 8.000 soldados de Okinawa y espera que Japón aporte los 6.000 millones de dólares que cuesta ese desplazamiento de personal.

El malestar es evidente en Ginowan, donde la prensa publica con frecuencia fotos del campo de golf de la base aérea de Kadena y critica duramente a los estadounidenses cada vez que se ven envueltos en algún incidente.

“Cuando la gente que vive en casa pequeñas, en sitios atestados, ve las condiciones de las bases, se sienten irritados”, manifestó Hideki Toma, funcionario que lidia con las bases de Okinawa.

“Esto va más allá de los campos de golf y el que no se les cobre peaje en las carreteras”, dijo Toma. “Okinawa fue ocupada luego de la Segunda Guerra Mundial y muchos se preguntan por qué tiene que haber bases aquí”.

Esa es una impresión bastante generalizada. La gente considera que las bases no deben estar tan concentradas en esta zona y deberían ser distribuidas más equitativamente en las principales islas de Japón y en Okinawa. Okinawa fue escenario de una de las batallas más sangrientas de la Segunda Guerra Mundial y sus residentes no ven bien el que haya tantos soldados estadounidenses aquí, aunque tampoco quieren que esos efectivos se vayan de Japón.

Los estadounidenses arguyen que la presencia de sus efectivos en Japón, junto con el envío del único portaaviones nuclear que hay fuera de Estados Unidos, le permite a los japoneses reducir enormemente sus gastos militares y respetar su constitución pacifista.

Aseveran asimismo que evita una carrera armamentística en el este de Asia, sirve como elemento disuasivo contra Corea del Norte y contrarresta el creciente poderío militar de China.

Los estadounidenses dicen que las bases, campos de golf incluidos, son iguales a las que tiene en otros países.

“No hay diferencias”, manifestó el teniente general Benjamin Mixon, comandante de las fuerzas del ejército estadounidense en el Pacífico.

Japón paga los costos de servicios, mantenimiento, mejoras y los sueldos de decenas de miles de japoneses que trabajan en las bases.

Los gobiernos anteriores cubrían esos gastos de buena gana porque querían mantener una relación especial con Estados Unidos, según Eiichi Hoshino, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Ryukyus. “Japón pagó hasta ahora porque era el que quería que hubiese soldados estadounidenses aquí”, expresó. “Si los Estados Unidos quiere permanecer ahora, debería pagar”.

Los pagos de Tokio subieron constantemente hasta el 2001. A partir de entonces comenzaron a descender, en parte por la desaceleración económica y en parte porque se redujeron los costos. El partido de Hatoyama quiere seguir esa tendencia.

“No es una vaca sagrada. Hay que seguir reduciendo costos”, manifestó Mizuho Fukushima, líder de uno de los tres partidos de la coalición de gobierno.

Extraído de El Universal.

~ por LaBanderaNegra en febrero 20, 2010.

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