Talibán se venga de la CIA en nombre de los pueblos oprimidos

Rara vez un movimiento revolucionario de los pueblos que durante más de medio siglo han sido víctimas de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos para derrocar gobiernos y asesinar a sus líderes negados a convertirse en vasallos del Imperio, ha propinado un golpe tan mortal a esa macabra organización, como el asestado por el Talibán el penúltimo día del año 2009 en Afganistán.

La audaz y sorpresiva operación organizada el Tehrik-e.Taliban Pakistan, (TTP) y ejecutada por el mártir Abu Dojana Jurasani, causó la muerte de ocho agentes de la CIA y dejó heridos a otros 16 más, dos de ellos identificados como mercenarios al servicio de la empresa paramilitar yanqui Blackwater, responsable de miles de asesinatos en las guerras que el EEUU libra en Iraq y Afganistán, que en su esfuerzo por evitar la derrota en esos dos países las ha extendido a Pakistán.


“El operativo, -reveló horas mas tarde el comandante del TTP, Qari Husain- se llevó a cabo para vengar la muerte del líder integrista paquistaní Baitulá Mhesud, ultimado en agosto por los misiles de un “dron asesino”, letales aeronaves no tripuladas de la USAF, que en el marco de un cobarde plan de “asesinatos selectivos” diseñado para matar a combatientes, asesinan más por “error colateral” a centenares inocentes en remotas aldeas de Afganistán y Pakistán.

Los ataques de los “drones” en Afganistán y Pakistán están dejando atrás el uso de los jets y helicópteros artillados, pues se inscriben en el marco de la nueva estrategia bélica aérea que EEUU ensaya para las guerras del futuro, y para perpetrarlos cuentan con información de “inteligencia” suministrada por agentes de la CIA a operadores de esas “máquinas asesinas” ubicados en territorio de EEUU, que las guían a control remoto para cumplir con su criminal misión.

Pero, por más que los tiempos cambien con la modernidad y visión futurista de la guerra que adelanta el Imperio, la mano asesina de la CIA tendrá plena vigencia y aplicación en el marco del proyecto hegemónico de dominación mundial, como instrumento de conspiración para derrocar gobiernos, torturar y asesinar a líderes progresistas que se nieguen a ser vasallos del Imperio, como lo ha sido desde su creación hace mas de sesenta años.

Fueron los pueblos de América Latina y el Caribe sus primeras víctimas, cuando, a partir del 20 de septiembre de 1947, una vez que el presidente Harry S. Truman el genocida que 2 años antes había ordenado lanzar las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, firmó el 26 de julio de ese mismo año el Acta de Seguridad que dio vida a la macabra organización que comenzó a conspirar contra la soberanía y libertad de los países de la región desestabilizando gobiernos y asesinando a sus dirigentes.

En 1954 la CIA organizó y financió el golpe de Estado que derrocó en complicidad con la rica oligarquía y un militar traidor llamado Carlos Castillo Armas al legítimo gobierno de Jacobo Arbenz por haber iniciado una reforma agraria que nacionalizó las tierras ociosas de la United Fruit Company, asonada que fue seguida de una espiral de violencia de varios años que dejó el trágico saldo de mas de 160 mil muertos y 40 mil desaparecidos.

En 1961 el Presidente Eisenhower ordenó a la CIA iniciar operaciones encubiertas para asesinar a Fidel Castro y John Fitgerald Kennedy continuó con sus planes al ordenar la invasión de Bahía de Cochinos que fracasó ante la fiera resistencia del pueblo cubano con líder al frente, y en venganza por la derrota Washington ordenó el criminal bloqueo comercial y financiero a la isla de la Libertad que ha costado cien mil millones de dólares en pérdidas al país caribeño.

A esas acciones siguieron nuevas invasiones, golpes de Estado y asesinatos de líderes progresistas en República Dominicana, Brasil y Bolivia, conjuras de la CIA seguidas por el Golpe de Estado en Chile que en 1973 derrocó a Salvador Allende, primer presidente socialista de America del Sur y colocó en el poder a Augusto Pinochet, el genocida militar que durante 17 años desató un baño de sangre que dejó más de 3.000 muertos y desaparecidos.

En 1976 los militares argentinos derrocaron a la presidenta constitucional del país, sumiendo al país por 7 años en una de las más sangrientas dictaduras de América del Sur y con apoyo y financiamiento de la CIA organizaron junto con las dictaduras de Chile, Uruguay y Paraguay la “Operación Condor”, una mafia internacional del crimen que mató a miles de hombres y mujeres y “desapareció” a otros miles más lanzándolos al mar desde aviones o sepultándolos en fosas comunes.

A raíz del triunfo de la Revolución sandinista en Nicaragua que derrocó en 1979 a la sanguinaria dinastía de los Somoza, la CIA organizó y financió con dinero proveniente de la droga a la “Contra”, ejército de mercenarios integrado por ex guardias nacionales somocistas, que desataron una guerra civil de varios años que causó la muerte de mas de 60 mil nicaragüenses.

Casi simultáneamente, en El Salvador se inició una guerra civil en la que los militares del país centroamericano apoyados y entrenados por la CIA, perpetraron masacres en poblados campesinos e indígenas, asesinando a sacerdotes y religiosas, defensores de DDHH en una espiral de violencia, destrucción y muerte que duró mas de una década que dejó como saldo mas 75 mil víctimas mortales.

Pero la acción genocida de la CIA no se limita a la Gran Patria latinoamericana y caribeña, sino que sus tentáculos alcanzaron a otros continentes, como África y Asia, siendo una de sus más conocidas víctimas el líder anticolonialista congoleño Patricio Lumumba, asesinado en 1961 por orden de la CIA y del gobierno colonial belga, lo mismo que otros líderes del continente negro que en los años siguientes lucharon por la liberación de sus pueblos.

Más recientemente, a raíz de los atentados del 11-Sep. , el teatro de operaciones de la CIA, se trasladó al Oriente medio y Asia Central, donde sus verdugos actúan impunemente junto con los mercenarios de las agencias paramilitares al servicio del ejército de EEUU y de la OTAN que invadieron primero a Afganistán, luego a Iraq y que han extendido su aventura bélica a Pakistán.

Ha sido en éstas guerras donde la CIA ha perpetrado los más horribles crímenes de lesa humanidad, al capturar a miles de hombres, acusados de ser combatientes de Al-Qaeda y el Talibán a los que han llevado hasta Guantánamo para aplicarles las mas crueles torturas que llevaron a algunos de ellos al suicidio y a otros confesar delitos que nunca cometieron, con tal de evitar mas sufrimiento.

Otros fueron llevados en “vuelos secretos” organizados por la CIA, a países de Europa en cuyas cárceles se les aplica los más horrendos métodos de tortura y que, pesar de haber sido denunciada esta criminal práctica, muchos de ellos aún permanecen en tétricos calabozos en un limbo legal del que EEUU se niega a liberarlos a pesar del repudio e indignación que esa criminal práctica ha provocado en la conciencia planetaria.

De allí que el ataque al cuartel de la CIA, no es mas que un acto de venganza por la muerte de un combatiente revolucionario contra una organización genocida que durante más de 60 años ha sembrado destrucción y muerte en los pueblos del Tercer mundo a través de golpes de Estado, magnicidios, torturas, masacres y otros atropellos a la dignidad humana, verdugo del Imperio que en el penúltimo día de 2009, sufrió en carne propia el dolor de la cruel muerte violenta que practica.

Hernán Mena Cifuentes

Extraído de ABN.

~ por LaBanderaNegra en enero 5, 2010.

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