¿Quién no justifica su guerra?

Pues eso, tratar de justificar las invasiones y la ocupación posterior de Afganistán e Irak, es lo que hizo ayer Obama en su discurso de aceptación en Oslo antes de recibir el Nobel de la Paz. Justificar una guerra es fácil, tremendamente fácil. Como la civilización sólo justifica una, basta provocar al enemigo -real o inventado- para convertir la ofensiva en defensiva. El Comité del Nobel, además, se ve que, traicionando a Nobel, no tiene en cuenta la desproporción entre la hipotética agresión de foráneos al WTC, y los medios abominablemente desproporcionados –la laminación- empleados para contestarla…

Es asombroso, aunque ya nada nos asombra. Lo fácil es encontrar pretextos y fabricar mentiras e invenciones dirigidas a explicar al mundo la necesidad o inevitabilidad de unas guerras empezadas por sus predecesores con las argucias señaladas, y continuarlas el ayer galardonado.

Es tan fácil y cómodo que, desde esa óptica, están justificadas todas las guerras. Pues ¿y por qué no justificar las que las libran mediante acciones terroristas? ¿qué guerra es justa para este caso de Obama cuando Nobel ideó el galardón abstrayendo toda disculpa para toda guerra, para cualquier guerra?


Nobel no premiaba los discursos elocuentes sino la titánica lucha por la paz sin derramar sangre. Pero he aquí la perversión del Nobel y por extensión la perversión a la que está condenado el Bien de la postmodernidad: ni Mahatma Ghandi ni Martin Lutero King, dos verdaderos apóstoles de la paz, fueron galardonados, y sin embargo Roosvelt, Wilson, Kissinger, por mencionar sólo a tres colegas del yanqui de ayer, tres colosales maquinadores contra la paz, también fueron bellacamente distinguidos con el Nobel de la Paz. ¿Será posible?.

El Nobel ha acabado por ser un premio a todo lo contrario para lo que fue concebido. Como tantas y tantas cosas y valores, se ha prostituido: ha hecho virtud del vicio, y bien de la maldad. De la maldad… o de la pusilanimidad. Pues es evidencia que las pre y post electorales buenas intenciones de Obama -de las que ya sabemos está el cielo empedrado- han sucumbido a los poderes en la sombra del imperio. Como le ocurre al poder institucional que acaba siempre rendido a los pies del poder fáctico por definición descabezado.

No nos escandaliza nada ya. Sobre todo si hemos casi doblado el ecuador de la vida y asumido la reiteración de la experiencia casi como Ciencia. Pero constatando como constatamos que la egolatría y la necedad y el mal revestido de bondad nos rondan toda la vida allá donde vayamos, aún no nos hemos hecho a la idea de que se pueda enaltecer mundialmente a quien está haciendo la guerra. No se alcanza al entendimiento del común de los mortales que la Academia de Oslo entregue un magro premio en metálico y alabe como pacificador a quien, mientras tanto y fuera del recinto, hace silbar las balas y los misiles contra los pobladores de dos países sojuzgados precisamente por él. Si Nobel levantara la cabeza…

Alguien dijo: no sé por que me odian tanto si nunca he hecho un favor a nadie. Ahora muchos van a poder decir: mira si habré trabajado por la paz, que nunca he recibido el Nobel de la Paz…

Jaime Richart

Extraído de Argenpress.

~ por LaBanderaNegra en diciembre 12, 2009.

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