Ante decisión de la Casa Blanca, simétrica respuesta del Kremlin

Todo hace pensar que en materia de seguridad nacional, la alta dirección de Rusia juega la carta de lo que podría definirse como “firme prudencia sin pizca de ingenuidad”.

Así lo confirma la reciente noticia de que el presidente Dimitri Medvedev anunció la suspensión del despliegue de misiles nucleares tácticos Iskander en el enclave europeo de Kalinigrado, una medida que adoptó el ocho de noviembre del 2008, justo el día en que Barack Obama resultó electo nuevo presidente de los Estados Unidos.

Moscú había anunciado el dislocamiento coheteril como respuesta a los planes de la Casa Blanca de instalar una base de radares en la República Checa y de cohetes interceptores en Polonia, como parte de su titulado “escudo antimisiles”, verdadero artilugio encaminado a garantizarle un primer golpe atómico sin posible respuesta del oponente.


La reciente decisión de Obama de detener tal expansión militar en Europa del Este, sobre las fronteras rusas, parece haber sido el móvil de la simétrica respuesta del Kremlin, para nada interesado en promover tensiones.

Sin embargo, la prudencia rusa no debe confundirse con visiones carentes de objetividad en torno a la hostilidad de Occidente. Mientras Obama anunciaba la suspensión del despliegue antimisiles, la belicista Organización del Tratado del Atlántico Norte apresuraba la incorporación de Ucrania y Georgia, dos ex repúblicas soviéticas, con las cuales Moscú ha enfrentado tensiones en los últimos tiempos.

Con la primera, por los oleoductos y gasoductos que atraviesan su territorio, y por los cuales marcha buena parte de las ventas rusas de energéticos a Europa Occidental. Con la segunda, por su política violenta y agresiva contra las repúblicas autónomas de Osetia y Abjasia.

De manera que si Rusia puede tomar un aire en el tema del escudo antimisiles, no sucede lo mismo en torno al cerco militar de la OTAN, que prosigue su marcha al Este.

En ese sentido, en reciente visita a puertos militares, Medvedev anunció la rápida modernización de la flota rusa, de manera que su cobertura, alcance, niveles de patrullaje y efectividad, sean capaces de asegurar de forma más hermética las fronteras nacionales.

Aun en medio de la actual crisis mundial, de la que Rusia no escapa, el Kremlin subrayó la necesidad del rearme y modernización de sus fuerzas de combate, especialmente de las navales, que ya el pasado año reiniciaron maniobras en aguas internacionales patrulladas por la OTAN, las cuales habían sido suspendidas desde la disolución de la URSS.

Néstor Núñez

Extraído de Argenpress.

~ por LaBanderaNegra en octubre 8, 2009.

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