Presencia militar de EE.UU. en Japón

El 2 de septiembre de 1945, el gobierno derrotado de Japón, firmó la capitulación de su país a los aliados. Desde ese momento y por todas partes se hunden las tropas del imperio nipón que desde décadas anteriores, con sus crímenes políticos y colonizadores, había hecho victimas a varias naciones de Asia y Oceanía. Japón por si solo, acepta la presencia en su territorio de un agresor semejante a el, que venia del otro lado del océano pacífico. Una presencia que los japoneses, aun tras haber transcurrido algunas décadas, no han borrar totalmente de sus vidas.
Con la derrota de este país y su capitulación, se llevo a cabo la ocupación formal del archipiélago japonés, al mando del comandante supremo de las Fuerzas Aliadas en el Pacífico, es decir, el general norteamericano, Mc Arthur, quien a lo largo de la ocupación, además de estructurar políticas, impuso la ley constitucional a este país, que incluía el artículo noveno, donde se prohibía a Japón poseer un ejército y fuerza militar.


Aunque según el Tratado de Paz de San francisco en septiembre de 1951, terminaba la ocupación norteamericana en Japón, la provincia sureña de Okinawa, continúo ocupada. Simultáneamente con la firma de este tratado de paz, se firmó también el pacto de seguridad entre EE.UU. y Japón, en que se determinaba la continuación de la presencia y protección de las bases del ejército de EE.UU. en dicho país, en cuyas cercanías continuaba la guerra con Corea.
En enero de 1960, dicho pacto que había sido firmado bajo la balanza de poder, al ser revisado nuevamente se convirtió en un tratado de seguridad bilateral y cooperación común, en el cual se estipulaba que tras diez años de su firma, cada parte tenía derecho a anularlo con previo aviso de un año. Asimismo, teniendo en cuenta el significado de relación mutua, EE.UU. estaba obligado a consultar con Tokio antes de usar sus bases establecidas o de trasladar armas atómicas a este país.
La firma del Tratado de 1960, produjo manifestaciones que influyeron en la vida política de este país por dos meses, desembocando en la cancelación del viaje de Aizenhawer. Los oponentes de aquel entonces a este tratado alegaban que pese al pacto de 1951, impuesto por los ganadores de la guerra al fin del periodo de la ocupación, el pacto de 1960 fue el resultado de unas negociaciones llevadas a cabo por un gobierno libre, que debía resguardar los intereses de Japón de mejor manera.
Ahora, es decir tras haber transcurrido 48 años del acuerdo de 1960, los dos países persiguen un amplio nivel de colaboraciones políticas de seguridad. Según el pacto de seguridad de 1951, ahora se encuentran establecidas 130 instalaciones militares norteamericanas que incluyen 89 bases y más de 50 000 fuerzas norteamericanos con el objetivo de abastecer la seguridad de Japón en todo el archipiélago y que el 78% de sus instalaciones están desplegadas en la isla sureña de Okinawa.
La base aérea Cadena en Okinawa perteneciente a las fuerzas norteamericanas, ocupa alrededor de cuatro mil ochocientas hectáreas en el centro de una ciudad de 80 mil habitantes en la que todavía se puede observar los restos de una universidad que fue destruida por la caída de un helicóptero norteamericano el 13 de agosto de 2004. La provincia Kanagava, cerca de Tokio, es la co anfitriona de las fuerzas navales de EE.UU. que de vez en cuando, es testigo de los delitos de las fuerzas militares norteamericanas.

Actualmente casi el 11 % del total de Okinawa, que conformaba el 0,6% de la superficie de un país con poca extensión como Japón, esta ocupado por las bases e instalaciones pertenecientes a EE.UU.
Esta isla, después que en el año 1945, fue el único escenario de los combates terrestres del ejército imperial con la infantería de EE.UU. en Japón, y testigo de uno de los más sangrientos conflictos de la guerra del Océano Pacífico, se convirtió en una colonia militar norteamericana y hasta el año 1972, estuvo bajo ocupación militar.(20 años más que otras zonas de Japón).
En el periodo de ocupación, Okinawa era considerada para los japoneses una zona extranjera y para viajar a esta isla debían presentar pasaporte. No obstante, tras el tratado de paz y el pacto de seguridad Tokio- Washington se llevaron a cabo muchos esfuerzos populares y estatales en Japón.
En el año 1972, EE.UU. devuelve la propiedad de esta provincia a Japón, sin embargo, permanecieron las tropas norteamericanas en esta isla, continuando con la ocupación de una gran parte de este territorio. Hoy también existen 37 bases militares norteamericanas establecidas en Okinawa y alrededor de 26 mil fuerzas del ejército norteamericano radican con sus familias entre el millón 350 mil de habitantes de esta provincia.
Para que se haya concentrado el 78% de las fuerzas, instalaciones y equipamientos del ejército norteamericano en la isla Okinawa, en este informe principalmente se estudian las consecuencias económicas impuestas al anfitrión de las bases militares de EE.UU., de un modo que la tasa de desempleo en Okinawa es dos veces mayor que la de todo Japón.
A pesar de la agradable temperatura tropical, las maravillosas costas, mar y bosques, muchos japoneses prefieren pasar sus vacaciones en Hawai. Okinawa a comparación con otras zonas de Japón, no posee infraestructuras industriales e ingresos anuales.
El gobierno central debe rembolsar en subsidios al gobierno local por este huésped, lo cual al lado del empleo de una parte de la fuerza de trabajo local en las bases norteamericanas, ha provocado la reducción de las inversiones del sector privado de Japón, impidiendo el florecimiento económica de Okinawa.
En realidad, una parte de las autoridades japonesas y los comandantes militares de EE.UU. por esta misma razón, es decir, el enlace de las bases militares con la economía de Okinawa, han aplazado el traslado de las fuerzas e instalaciones fuera de Japón o a otras regiones.
Estos es mientras que al parecer, estas demoras son políticas y los motivos económicos son un pretexto más. Los japoneses, por garantía de sus acumuladas inversiones están buscados oportunidades para invertir en otros puntos del mundo y ciertamente en caso de lograr condiciones adecuadas, aprovechará la oportunidad de invertir en Okinawa, especialmente en la sección del turismo.
Por eso, el gobierno local de Okinawa siempre trata de transferir todas o parte de las bases norteamericanas fuera de la zona.
Yushi Hisa Koroshima, corresponsal del diario Okinawa Times dice: las encuestas realizadas en Okinawa indican que el 85% del pueblo de esta provincia pide la reducción de algunas bases de EE.UU. en la provincia.
Añadió que algunas acciones ilegales por parte de los soldados norteamericanos, han causado que se expanda la idea entre los ciudadanos de esta isla de que EE.UU. se ha concentrado más que nunca en Okinawa por lo que es necesario el traslado de una parte de sus bases a otras regiones de Japón y afuera del país.
De todas formas, cabe decir que por motivos políticos, esta petición aun no ha sido realizada por el pueblo de Okinawa. Los habitantes de esta isla han perdido la paciencia debido a que todavía no se lleva a cabo ningún cambio en su situación. El gobierno nipón recientemente, al aprobar un decreto trató de distribuir las bases y fuerzas norteamericanas a nivel nacional, y para incentivar a las diversas provincias a aceptar el establecimiento de las bases, se han estipulado ciertas ventajas, que incluye el aumento del prosupuesto gubernamental.
La disconformidad de los japoneses por la presencia del ejército de EE.UU. en su país va en aumento y en ciertas ocasiones, las regiones anfitrionas de las fuerzas estadounidenses son testigos de algunas manifestaciones anti norteamericanas.
Shintaro Ishihara, político disidente a las políticas estadounidenses, en una ocasión, dirigiéndose a aquellos que denominan a EE.UU. como el perro guardián de Japón, señaló que lamentablemente era necesario aceptar que estos perros estaban rabiosos. Si consideramos la conducta de algunos militares norteamericanos con los japoneses entendemos que Shintaro Ishihara no ha exagerado. Las fuerzas norteamericanas se están enfrentando con una serie de acusaciones inmorales, asesinatos, secuestros y violaciones sexuales a mujeres y adolescentes, así como robos y conducir cuando han consumido alcohol.
El descontento de los japoneses ha causado que ejército de EE.UU ponga limitaciones a sus militares. El General, Eduardo Rice, comandante militar norteamericano hace poco dijo que necesitaba 50,000 militares norteamericanos establecido en Japón que respetaran las normas morales.
La manera de enfrentamiento con los militares norteamericanos que cometen delitos en Japón, se determina en base al pacto de 1960, redactada en el marco del convenio del pacto de seguridad de Tokio- Washington de 1951.
En dicho pacto, en torno a los delitos de los soldados norteamericanos contra los japoneses, se estipula que en caso de que estas transgresiones se cometan durante el ejercicio de sus funciones militares, serán puestos a disposición de un juzgado norteamericano. Si el delito ocurriera fuera de la base, y el culpable estuviera bajo tutela de las fuerzas norteamericanas hasta que el fiscal japonés no haya aprobado la pena, el gobierno de Japón no puede detener o perseguir al acusado.
Según este tratado, los uniformados norteamericanos para su ingreso a Japón, no necesitan presentar pasaporte visado, ni registrarse como ciudadanos extranjeros. Por ello, la policía japonesa no puede controlar a los soldados que se encuentran fuera de la base y que han rentado un apartamento. Los habitantes de las zonas donde se emplazan las bases militares norteamericanas en Japón además de ser víctimas de estos delitos, también se encuentran descontentos por la contaminación sonora y medioambiental proveniente de estas bases.
Algunos políticos poderosos, sindicatos laborales, así como grupos cívicos no gubernamentales y los habitantes y gobiernos locales de las zonas anfitrionas de los posmilitares son los principales disidentes al establecimiento de las bases norteamericanas. Ellos presionan al gobierno central liderado por el partido liberal demócrata, en torno a la revisión del pacto del establecimiento de las fuerzas militares norteamericanas Tokio -Washington y la disminución de las bases militares de Estados Unidos. Esto es mientras que Tomas Schiffer el embajador de EE.UU. en Japón, contrariando los testimonios de los japoneses, afirma que el pacto actual Washington – Tokio sobre la manera del establecimiento de las fuerzas militares norteamericanas en dicho país es correcta por lo que no es necesario revisión alguna.
Shintaro Ishihara, político poderoso anti norteamericano que a la vez es el actual gobernador de la prefectura de Tokio, en su libro titulado Un Japón que sabe decir No, después de criticar contundentemente la política títere del ministerio de asuntos exteriores de su país, dice: los norteamericanos para sus intereses nacionales poseen una mirada externa. Depende de nosotros apoyar a nuestro país. Los japoneses saben perfectamente que desde la segunda guerra mundial hasta ahora, EE.uu ha sido nuestro amigo y aliado. Pero continuamente desde la sede del congreso escuchamos afirmaciones en las que se dice que EE.UU. en cierta forma, defiende a Japón. Las medidas de seguridad especiales que al principio organizó para los primeros años después de guerra ciertamente tienen que cambiar.
El representante de Okinawa en el parlamento de consejeros de Japón y ex gobernador general de dicha provincia, Masahideh Otta, alega que Okinawa es un territorio de paz por lo que no necesita de las fuerzas estadounidenses.
La vieja tradición del pueblo de Okinawa se basa en la paz y desarme. Por ello, la presencia de las tropas del ejército de EE.UU. en su territorio contradice la importante tradición de este pueblo. Riokio, otrora nombre de Okinawa significa no tener necesidad de armas. El resguardo de la seguridad no depende de contar con un ejército poderoso sino en establecerla según relaciones amistosas con los otros países.
Aun después de las últimas revisiones realizadas por las presiones de los oponentes y la opinión pública, que hasta cierto punto desembocaron en la reducción de algunas cláusulas del pacto del establecimiento de las fuerzas norteamericanas, han ocurrido fuertes oposiciones, especialmente en las regiones donde las bases norteamericanas se encuentran establecidas, como en la ciudad Iwakoni que esta situada en el suroeste de Hiroshima y que prevé el plan de transmisión de las fuerzas y fortalecimiento de las unidades norteamericanas.
En el referéndum del 12 de marzo de 2006, celebrado por el pueblo el cual fue solamente ceremonial, fue rechazado este plan incondicionalmente con una mayoría del 89%. Pero tales protestas locales no valieron tanto porque las transmisiones a nivel elevado de poder fueron realizadas por los gobiernos, sin contar con la opinión del pueblo y parlamento.
En cuanto a los gastos del establecimiento militar de EE.UU. en este país asiático, si consideramos que Japón es el más generoso anfitrión de Asia no hemos dicho algo falso. Cabe decir que las exactas cifras de estos gastos jamás son reveladas.
En el año 1978, el jefe de la organización de defensa de Japón, encargó al gobierno, el pago de los salarios de los japoneses que trabajaban en las bases norteamericanas establecidas en el país, tras lo cual, sin ninguna norma y limitación, se aumentaron los gastos impuestos al gobierno japonés y actualmente los gastos concerniente al abastecimiento de electricidad, calefacción, suministro de agua y transferencia de instalaciones de entretenimiento en las bases están a cargo del gobierno de este país asiático.
En realidad, excepto de los salarios, arma y pertrechos de las fuerzas norteamericanas, el resto de sus gastos están a cargo del gobierno de Japón. Los soldados norteamericanos aun durante el uso de las autopistas están exentos de pagar impuestos. Una ventaja que aun los subiditos especiales y las autoridades de alto rango estatal de Japón, no aprovechan.
De todas formas, en las últimas décadas, simultáneamente con el avance económico, se escuchan voces en Japón que exigen la necesidad de una independencia de la seguridad de EE.UU.
En Japón, algunos creen que este país por tener la garantía de tecnología superior que puede servir para los equipamientos militares, hasta cierto punto es conveniente que se separe de la protección de EE.UU. y se encarga el mismo de abastecer la seguridad en su territorio y la región. Ishihara en este respecto, cree que las diversas bases estadounidenses obligan a Washington a extender su capacidad militar desde las costas occidentales del Océano Pacifico hasta Cabo Town.

Su existencia tiene mucha importancia para la estrategia mundial de EE.UU. con respecto al resguardo de la seguridad de Japón. Por tanto, parece muy raro que en realidad se dedique miles de millones de dólares del presupuesto militar de Japón, a pagar una gran parte de los gastos destinados a proteger a las fuerzas norteamericanas establecidas en este país.

Extraído de IRIB.

~ por LaBanderaNegra en septiembre 28, 2008.

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