Sobrevivir al capitalismo

El capitalismo ha entrado en la senilidad, dice Samir Amin. Y no le falta razón. Con una voracidad depredadora, el sistema está acabando con los recursos naturales, produciendo una contaminación cuyos efectos, ya entrevistos en el incipiente calentamiento global, son imprevisibles. Además, es evidente su impotencia para resolver los graves desequilibrios que sufre la humanidad en su conjunto: en vez de disminuir, las desigualdades crecen y la pobreza aumenta. Por no hablar de la seguridad alimentaria: la especulación en torno a los alimentos puede conducir a la muerte de centenares de miles de personas, o de millones, en un futuro inmediato. En definitiva: el mundo está en peligro.

Resulta trágico constatar cómo la especie humana cierra los ojos ante la realidad y está dispuesta a proseguir en su suicidio. Porque de eso se trata: al decir que el mundo está en peligro, queremos decir que lo que está en peligro es la propia especie.


Así, el afán de lucro, el consumismo desbocado, el ansia por poseer más que el vecino, están llevando al planeta hacia su autodestrucción, y con ella, a la destrucción de la especie humana.

Naturalmente, aquellos que creen en el poder mágico de la ciencia para superar este estado de cosas, entenderán que los párrafos anteriores son una exageración. Hace treinta años, cuando en las páginas de esta misma revista se auguraba un probable cambio climático, también se tachó dicho pronóstico de exageración. Cuando se empezó a advertir sobre los problemas que podría generar la disminución de la capa de ozono de nuevo se tachó de exageración, y hoy los cánceres de piel están a la orden del día. En cualquier caso, la ciencia nos salvaría.

Pero los devotos de la ciencia como panacea universal deberían considerar los nuevos riesgos que comportan las nuevas tecnologías: al gran avance que supone la telefonía móvil hay que sumar la sospecha, cada vez más fuerte, de que su utilización incrementa el número de tumores cerebrales. El cultivo de transgénicos, que se decía que iban a resolver definitivamente el hambre en el mundo, no sólo parece incapaz de lograr hacerlo, sino que está también rodeado de sospechas, algunas tan serias que en muchos lugares se ha decretado una moratoria sobre su implantación o su extensión. Por no hablar del elevado número de cánceres de todo tipo, derivados probablemente de nuestro modo de vida, de nuestros hábitos y de nuestros consumos, decretado todo ello por la lógica del beneficio que impera en las alturas. Hoy, es casi imposible encontrar una familia en la que no haya, al menos, un caso de cáncer. Y en cuanto a los riesgos que comportará la ya próxima revolución nanotecnológica, hay quien ya ha alertado sobre ellos.

Senil o no, la única salida es escapar al capitalismo. Sobrevivirlo. Organizar una sociedad en que las relaciones sociales sean de otra naturaleza, más acorde con la supervivencia de la especie. Instaurar modelos sociales que permitan a la humanidad ser eso mismo: humanos. Escapar a la trampa de una forma torticera de entender el progreso. Y para eso, es imprescindible cuestionar el capitalismo. Porque de eso se trata. De sobrevivir. Ni más ni menos.

Miguel Riera Montesinos

Extraído de El viejo Topo.

~ por LaBanderaNegra en agosto 31, 2008.

Una respuesta to “Sobrevivir al capitalismo”

  1. Las amenazas de la sociedad capitalista sobre los jóvenes:

    1. drogas
    2. alcohol
    3. ruido musical
    4. empleo precario
    5. televisión basura

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