La evolución de la sociedad internacional (1945-1989)

El fin de la Segunda Guerra Mundial significó, al mismo tiempo, el fin de una sociedad mundial eurocéntrica con la desaparición del dominio de las potencias europeas. Nacería entonces un sistema en el que los asuntos mundiales y los intereses predominantes serían fundamentalmente globales. Este orden mundial se fue gestando durante la guerra a través de diferentes conferencias (Teherán, Yalta y Potsdam) en las que las potencias aliadas comenzaron a delinear el futuro escenario de la postguerra, y por tanto a repartirse sus respectivas áreas de influencia.


En gran medida todas esas conferencias, y muy en particular la de Yalta, sirvieron a los anglosajones para poner coto cerrado a la expansión soviética por el continente euroasiático, alcanzando para ello acuerdos obligatorios con los que consiguieron importantes concesiones de la Unión Soviética, confirmando, también, la división de Alemania en zonas de ocupación.

Pese a que en los acuerdos de Yalta se establecían como principios la celebración de elecciones libres en Europa para la creación de gobiernos democráticos, así como la acción común de los aliados para facilitar el proceso, cada uno tenía una forma distinta de entender la democracia. Esta es la razón fundamental por la que el orden surgido después de la guerra estuvo basado en la enemistad ideológica que originaría la posterior bipolaridad.

El poder en el sistema mundial surgido tras la postguerra se organizó alrededor de dos polos opuestos: la Unión Soviética y los Estados Unidos. Ambas potencias crearon sistemas a su medida en sus áreas de influencia, conformando bloques cerrados sobre sí mismos tanto geográfica como ideológicamente.

Asimismo, es destacable que la tradición europea de organizar la sociedad internacional influyera en la disposición de los aliados, lo que de alguna manera facilitó la posterior creación de las Naciones Unidas. El carácter de «directorio de potencias» que adoptó el Consejo de Seguridad por medio del derecho de veto, refleja la influencia de esa tradición europea, a lo que cabría añadir la voluntad de liderazgo de los vencedores y el fracaso de la anterior Sociedad de Naciones.

El orden internacional se estableció en dos ámbitos: por un lado el universal, en el que los grandes actuarían como directorio de potencias; y por otro el ámbito restringido de las superpotencias en el que se desarrollarían las negociaciones directas.

Por todo esto, el bipolarismo se caracteriza por generar sistemas separados en los que cada potencia desempeña su respectivo liderazgo en la construcción de un sistema hecho a su medida. Se podría sintetizar la nueva situación como una multipolaridad (paralizada) en el Consejo de Seguridad, una bipolaridad centrada en las relaciones EE.UU.-URSS, y una unipolaridad bajo el liderazgo de EE.UU. en aquella parte del mundo que quedaba al margen de la planificación económica.

La guerra fría, que mayormente se identifica con el sistema bipolar surgido después de la guerra, fue definida por Raymond Aron “como un estado de guerra improbable y de paz imposible”[1] en el que se encuentran combinados diferentes elementos como es la guerra ideológica, la cual impregna todos los conflictos, y por otra parte la amenaza de carácter permanente que dio lugar a la carrera de armamentos, en la que el armamento nuclear tendría un papel central.

En el propio seno del sistema internacional se producirían diferentes fracturas importantes que determinarían su evolución. Entre estas destaca la fractura Este-Oeste que caracterizó en mayor medida el período de la guerra fría, y por otro la fractura centro-periferia, la cual se produciría a causa de la incorporación de un numeroso grupo de países descolonizados que rechazarían la lógica de la guerra fría y el alineamiento con los bloques.

La fractura ya denota un prisma por el que los miembros de una sociedad, en esta caso la internacional, se dividen en grupos opuestos y enfrentados que desarrollan diferentes conflictos políticos. Estas fracturas sirven, entonces, para estudiar las agrupaciones de los Estados y cómo los gobiernos coordinan sus acciones en torno a temas concretos.

En el caso de la fractura Este-Oeste los Estados se diferencian y crean estrategias de oposición en todos los terrenos a partir de bases ideológicas diferentes. Esta fractura se remonta a la revolución bolchevique, pero su transformación en eje determinante de las relaciones en el sistema internacional no se produce hasta el final de la Segunda Guerra Mundial. En función de esta fractura las relaciones entre EE.UU. y la URSS evolucionarían y sufrirían diferentes altibajos.

Es reseñable, en lo que a las relaciones entre ambas superpotencias se refiere, el papel de los líderes como responsables militares y diplomáticos del bloque. Esto, a medio plazo, contribuyó a generar cierto clima de confianza que terminaría repercutiendo negativamente en su papel como «guardianes» del sistema bipolar. El clima de distensión en las relaciones Este-Oeste favoreció la aparición en cada bloque de movimientos antilíder. En el caso del bloque occidental Francia mantendría su oposición a la política de EE.UU. en diferentes ámbitos, mientras que en el bloque oriental se produciría el cisma chino que originaría una rivalidad entre ambos países en el monopolio ideológico del comunismo y en la influencia en el Tercer Mundo.

Juntamente con lo anterior se produce un nuevo fenómeno que contribuyó, asimismo, a la erosión de la fractura Este-Oeste. Se trata del paneuropeísmo, que produjo una red completa de contactos entre europeos del Este y del Oeste. Todo esto se concretaría en la Ostpolitik, que tuvo como resultado la firma de tratados a ambos lados del telón de acero y que sirvieron a la diplomacia occidental para penetrar en el bloque oriental, pero también a los soviéticos para reafirmar las fronteras surgidas de la guerra. Este proceso, unido al anterior, sirvió, entonces, para disolver la lógica bipolar en Europa.

En cuanto a la fractura centro-periferia, esta se trataría de una diferenciación entre el núcleo dominante globalmente de economías capitalistas, y la periferia, como conjunto de Estados que mantienen una relación de dependencia con respecto al centro. Dicha fractura es equiparable a cualquier sistema político territorial en el que el conflicto se produce a causa de la extensión del control político, la difusión de modelos culturales y la imposición de intereses económicos del centro al resto del sistema.

Así pues, la fractura centro-periferia agrupa a diferentes Estados en dos bloques enfrentados, aquellos que quieren mantener los regímenes económicos mundiales frente a los que desean modificarlos. En todo ello tiene especial importancia la fractura creada por la división internacional del trabajo en la economía mundial, además del control de la interdependencia entre los mercados nacionales. A causa de todo esto, en 1964, se creó el Grupo de los 77, que supuso la institucionalización y creación de un forum privilegiado para encauzar la imagen de una periferia con una agenda propia.

Los países de la periferia se han caracterizado por su visión diferente del mundo, fundada en los principios de igualdad y justicia, creando nuevas reglas del juego para el establecimiento de un nuevo orden internacional. Sin embargo serían distintos factores los que llevarían a la desaparición de la periferia como fuerza unida y organizada, llevando a cabo una acción común en diferentes ámbitos de la política internacional. Entre las principales causas se encuentra la desaparición física de los principales líderes impulsores; el efecto disolvente de la crisis petrolífera de 1973; y la competición entre los Estados por parcelas del mercado.

En definitiva, se puede concluir que pese a que la fractura Este-Oeste dio paso a la fractura centro-periferia tras la desaparición del campo socialista, ha continuado subsistiendo el enfrentamiento perpetuo entre una civilización marítima como la que encarna Occidente y la globalización, con aquellos focos de resistencia que, tras la caída del muro, han intentado e intentan aún hoy establecer un modelo alternativo al que ofrece el unipolarismo norteamericano. De esta manera continúa, aunque de una forma diferente, la lucha entre la Tierra y el Mar como principios geográficos antagónicos, los cuales generan visiones del mundo contrapuestas que, actualmente, se reflejan en el multipolarismo frente al unipolarismo.

[1] Barbé, Esther, Relaciones Internacionales, Madrid, Tecnos, 2003, p.272

Extraído de El Emboscado.

~ por LaBanderaNegra en octubre 4, 2008.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 50 seguidores

A %d blogueros les gusta esto: