Gobiernos suramericanos exigen explicaciones a Washington

“¡De este modo, restablezco la IV Flota!”, anunció el almirante Gary Roughead, comandante de operaciones navales de la armada norteamericana. Fue el pasado 12 de julio, apenas unos días después de lo estipulado oficialmente. Así, el Comando Sur de Estados Unidos dispondrá de una importante flota para navegar aguas sudamericanas.
Según afirmó Roughead, los objetivos de la reactivación de este destacamento naval es “asegurar la seguridad en este mundo globalizado (…) Por eso somos una Armada global”, afirmó. La IV Flota deberá afrontar las amenazas que se presenten, como el tráfico de drogas, el tráfico de personas y el tráfico de armas. Mientras tanto, el almirante James Stavridis, jefe del Comando Sur, resaltó la tarea en “misiones humanitarias” que desplegaran estas fuerzas norteamericanas.


Sin embargo, las novedades no pasaron inadvertidas en América del Sur. Diferentes gobiernos nacionales han exigido a Estados Unidos explicaciones sobre los por qué del relanzamiento. Acompañando las declaraciones del líder cubano Fidel Castro, quien alertó sobre los “planes imperialistas” de los Estados Unidos, el presidente venezolano, Hugo Chávez, denunció que la IV Flota oculta un plan para quedarse con los recursos naturales de la región. No se quedó atrás el gobierno brasilero. Su presidente, Lula Da Silva encomendó a su canciller, Celso Amorim, que hable del tema con la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, y anunció el envío de su ministro de Defensa, Nelson Jobim, a Washington. “Ahora que descubrimos petróleo a 300 kilómetros de nuestra costa nos gustaría que Estados Unidos explique cuál es la lógica de esa flota, en una región como ésta que es pacífica”, advirtió Lula en el último encuentro de presidentes sudamericanos.

Paralelamente, antes de asistir a la reunión del G-8, Lula denunció públicamente que las grandes potencias mundiales ambicionan controlar el acuífero guaraní, una de las mayores reservas de agua del mundo que subyace por debajo de la superficie del norte de Argentina y Uruguay, el sudeste de Paraguay y se prolonga en Brasil hasta Mato Grosso y San Pablo. A la vez que advirtió sobre los deseos de globalizar la selva del Amazonas.

También resultó inquietante en los gobiernos de la región el hecho de que el nuevo comandante de las Fuerza Naval del Comando Sur, que tendrá a cargo la IV Flota, es un miembro de los comandos especiales SEAL (de mar, tierra y aire). Su nombre es Joseph Kernan, quien participó tanto de las guerras en Irak como en Afganistán.

Por su parte, el gobierno argentino también pidió explicaciones. En su reciente visita a la Argentina, el secretario de Estado para Asuntos Hemisféricos de los Estados Unidos, Thomas Shannon, expresó ayer la voluntad de “profundizar” el vínculo entre ambos países y convocó a “ver para el futuro y no para atrás”, como señal de superación de los conflictos bilaterales de los últimos meses. Aún después de avanzar en acuerdos en materia educativa y científica, Shannon aseguró que la IV Flota no tiene capacidad ofensiva, no tiene portaaviones y su buque más grande es un hospital. Y sostuvo que su país tiene un compromiso total con la integridad de los mares territoriales.

Mientras tanto, el almirante norteamericano James Stavridis reconoció el error de no haber comunicado antes a los gobiernos de la región la reactivación de la flota e insistió en que quieren “que la Flota encarne una respuesta eficaz ante los desastres naturales, las operaciones de asistencia humanitaria y de lucha contra el narcotráfico”.

Sin embargo, resulta difícil negar que la reactivación de la flota se da en el marco del retroceso norteamericano en Medio Oriente, a la vez que en el marco de una inédita integración sudamericana, que rechazó el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y conformó recientemente la Unión de Naciones Sudamericanas y avanza en la conformación de un Consejo de Seguridad Sudamericano, por fuera de la OEA. Estados Unidos mantiene sus históricos intereses sobre la región. Sus empresas precisan de los recursos naturales que existen en estas latitudes. Los conflictos en Colombia y los recientes desencuentros entre los gobiernos de Perú y Bolivia son parte de este entramado. El gobierno boliviano acusó a su par andino de permitir la instalación de bases militares norteamericanas en la región, luego de la decisión del presidente de Ecuador de no permitir la continuidad de la base estadounidense de Manta. Al mismo tiempo, la cámara de representantes de Estados Unidos dio comienzo a la “Iniciativa Mérida”, un plan que el Congreso estadounidense aprobó a finales de junio para proporcionar cuantiosos fondos este año a México y a países de América Central, con el fin de combatir el narcotráfico en el continente.

Son los concretos hechos históricos los que hacen que los gobiernos sudamericanos no crean que la IV Flota tenga como misión tareas humanitarias.

Alejandro Jasinski

Extraído de La Voz de Rusia.

~ por LaBanderaNegra en Julio 19, 2008.

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